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Gobernar para la gente
Los gobernantes tienen entre sus primeras obligaciones la de integrar equipos, no con sus amigos incondicionales o partidarios, sino con personas de la diversidad política.
Por: Angelino Garzón
Desde niño, y a pesar de la situación de pobreza en que vivía junto con mi madre y mis tres hermanos, poco a poco fui aprendiendo que lo importante era ser dignos y que para tener dinero en el bolsillo, teníamos que trabajar. En el caso de ella, vendiendo gallinas, y en el caso personal, haciendo mandados o llevando tacos de golf en el club campestre de Cali.
En ese entonces, nosotros no teníamos ninguna ayuda del Estado u organismo de beneficencia a alguno, a pesar de que en nuestra casa, ubicada en el pie de monte de la cordillera occidental en la comuna 18 de Cali, carecíamos de agua potable, energía eléctrica y demás servicios públicos domiciliarios.
No niego que vivir y estudiar en esa situación y en un entorno tan pobre me marcó para siempre en mi vida, en el amor y admiración a mi madre, quien a pesar de la dura situación en que vivíamos, nunca nos dejó aguantar hambre y, al contrario, primero en Buga cuando todavía estaba niño y luego en Cali cuando era un adolescente, siempre me decía —a manera de cantaleta a las 4:00 a.m.—: “A levantarse y a estudiar, mijito, porque si en la vida se queda burro, lo maltratan, pero si aprende, lo respetan”. Hoy debo decir que ella tenía razón.
