Cortesía Portafolio
Mejora tu comunicación
Son pocos los que saben callar, y más escasos los que saben escuchar. Feliz tú si progresas en esas artes.
Por: Gonzalo Gallo González
Hay una interesante historia atribuida a Zenón de Elea, 490-430 a. C. filósofo griego, discípulo de Parménides. Se cuenta que fue invitado por el rey de Macedonia a una cena en honor de varios emisarios persas. En la reunión todos compartían, y hasta se quitaban la palabra exponiendo sus ideas o contando anécdotas.
Zenón no pronunció una sola palabra y, al marchar, uno de los emisarios le preguntó: ¿Qué le diremos a nuestro rey acerca de ti? Y el filósofo dio esta hermosa contestación: “Decidle que en Grecia conocisteis a un hombre que sabe callar y sabe escuchar”. Una respuesta propia de un sabio y que ojalá te mueva a preguntarte: ¿puedo decir lo mismo? Son pocos los que saben callar, y más escasos los que saben escuchar. Feliz tú si progresas en esas artes.

Ayudas para mejorar tu comunicación:
- Sé muy consciente de cómo piensas y cómo hablas para desterrar el pesimismo. Está alerta con el lenguaje negativo. Es muy común: No puedo, todo es tan difícil, no olvides eso, nadie me quiere, nada me sale bien, soy un fracaso, no tengo suerte, etc.
- Aprende a escuchar con los ojos. Está pendiente de los gestos porque son más elocuentes que las palabras. El lenguaje gestual es más influyente que el verbal.
- Escucha con el corazón, o sea, regala al otro una atención plena, y escucha sin juzgar y con respeto genuino.
- Hazte tres preguntas antes de hablar: 1 ¿Lo que voy a decir es amoroso? 2 ¿Es verdadero? 3 ¿Es necesario? Práctica esto y será excelente.
- Ojo con el tono que empleas. Que sea suave, dulce, convincente. Sin juicios, sin rabia, sin odios, sin palabras que son puñales.
- Logra que tu comunicación sea amorosa y compasiva, exenta de peleas, discusiones, ataques o injurias.
- Sé más espiritual y crea el buen hábito de meditar. Pide apoyo divino antes de una charla importante: “Gracias Dios y arcángel Gabriel, me ayudan y me comunico con amor, gracias”.
La realidad casi nunca es como la vemos, y eso debería impulsarnos a ser bien humildes y flexibles.
Por ejemplo, ves a un encantador de serpientes tocando su flauta ante una peligrosa cobra. Supuestamente, la serpiente se mueve con base en los sonidos del instrumento, pero no es así. La verdad es que las cobras son completamente sordas y siguen los movimientos del encantador, no los sonidos. Y este es sólo un ejemplo de tantos errores que cometemos, muy convencidos de andar en la verdad. Por eso es tan importante recordar que tu visión y tu escucha no son objetivas, son selectivas. Vemos lo que queremos ver y dejamos de lado lo que no nos gusta o no nos interesa.
Piénsalo y evita discusiones estériles, sé tolerante y reconoce que sólo tienes vestigios de la verdad.
